Cómo acercar la infancia a la literatura – Primera parte

El 16 de marzo tuvimos la grata visita de Josefina Jordán y Antonio Pavón del Colectivo de Literatura infantil y juvenil Pep Sempere de Elche, España. Ellos facilitaron una charla-taller para las familias hispanohablantes en Helsinki sobre cuáles son las posibilidades para acercar a la infancia a la literatura. Aquí ellos prepararon un resumen de ese encuentro.

Comenzaremos contestando una primera pregunta:
Desde cuándo? Es decir, desde cuándo podemos empezar a actuar para favorecer la relación niño-literatura.
Consideramos que desde el momento en que la madre se sabe embarazada. Dice Ana Mª Pelegrín: “la madre alimenta al niño con la palabra-gesto, la palabra-táctil, la palabra-afecto”.

La primera literatura que debe llegar es la palabra-oído. El primer encuentro será con el canto de la madre. El niño no oirá como oímos los que ya hemos nacido, pero la madre le conduce por los ritmos y canciones que al mismo tiempo la preparan a ella para recibir a su hijo, al recordar su infancia. Ambos se acercan en el tiempo.

Ayudan a acompasar los latidos de sus corazones
        Duérmete niño
        duérmete ya
        que viene el coco
        y te comerá.

Y luego, cuando el niño está en nuestros brazos, le dormimos con la palabra
        Duérmete niña                   Duerme, duerme negrito
        que viene el coco                que tu mama está en el campo, negrito.
        y se lleva a las niñas         Duerme, duerme negrita
        que duermen poco.            que tu mama está en el campo, negrita.

Con la palabra le enseñamos a leer su propio cuerpo
        Palmas, palmitas
        higos y castañitas
        azúcar y turrón
        para mi niño/a son.

Con la palabra jugamos, nos acercamos
        Aserrín, aserrán
        los maderos de San Juan
        sierran bien, los de la reina también
        sierran bien, los de la reina también
        los del duque, truque, truque, truque.

Con la palabra dialogamos, nos acercamos
        – Dónde estás?
        – En tabletas
        – ¿Qué has comido?
        – Chicharretas
        – ¿Te han sentado bien?
        – Como la miel
        – ¿Te han sentado mal?
        – Como la sal
        – Arriba costal.

Con la palabra conjuramos, nos curamos
        Sana, sana
        culito de rana
        si no se cura hoy,
        se curará mañana.

Los niños y niñas no entienden todas las palabras, pero captan el ritmo, el tono, el afecto, La palabra es afecto. La palabra es un puro milagro, dice Gómez de la Serna. Es pues la época en la que vivimos la aventura de oír. El gran libro oído que nos transmite la tradición oral. Esta aventura está cargada de afectividad, de emoción, de vivencia.

Esta aventura no puede y no debe terminar cuando abandonamos, no del todo, el universo familiar y entramos en espacios nuevos: la calle, la escuela,… En estos espacios la palabra sigue siendo un milagro y con ella, jugamos y saltamos a la cuerda:
        Al cocherito, leré
        me dijo anoche, leré
        que si quería, leré
        montar en coche, leré
        y yo le dije, leré
        con gran salero, leré
        no quiero coche, leré
        que me mareo, leré.

Con ella nos unimos al círculo
        Al corro Manolo
        mi padre está en los toros
        mi madre más allá
        que me caiga de culá.

Con ella sorteamos
        Pito, pito, colorito
        dónde vas tú tan bonito
        a la era verdadera
        pim, pam, fuera.

Y con ella seguimos conjurando
        Ronda, ronda
        el que no se haya escondido
        que se esconda
        y si no, que corra.

E incluido, insultamos
        Tonto pelao
        que te pican los mosquitos
        dile a tu mamá
        que te compre un sombrerito
        ya me lo ha comprao
        y me viene chiquitito.

Así, poco a poco, nos vamos llenando de ritmos, de silencios, de pausas, de ecos, de voces, de cantidades, de cualidades sonoras. Son los días de cantar. Pero no nos olvidemos tampoco del contar. Los niños y niñas deben escuchar cuentos maravillosos de hadas, brujas, animales humanizados,…
        En un país muy lejano vivía un rey que tenía tres hijos…
        Era una vez una niña que…
        y cuento contado cuento acabado

En estas edades los niños y niñas no diferencian entre la realidad y el deseo, es la etapa del pensamiento mágico, del animismo. Escuchar, escuchar para que las palabras permitan a nuestros hijos e hijas viajar, trasladarse por toboganes de aire a mundos fantásticos, imaginarios.

Todo esto tiene una importancia fundamental, como mínimo desde dos puntos de vista:
        1- Como transmisión de una sabiduría popular que nos llega después de pasar de boca en boca durante cientos de años.
        2- Por lo que supone de transmisión de afecto, de amor, cuando existe una relación poética entre un adulto y un niño.

Todas estas vivencias que se experimentan en los primeros años de vida son un aspecto muy importante, para que la relación posterior de la infancia con los libros escritos sea un contacto placentero. Antes de llegar a disfrutar de libros escritos, es fundamental haber disfrutado del gran libro de la literatura oral, de la literatura popular, que es un resumen muy valioso del crecimiento y de la evolución humana.

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